4 de abril, 2026

Artritis en personas mayores: tratamiento, ejercicios y calidad de vida

¿Qué es la artritis y por qué afecta tanto a los mayores?

La artritis no es una sola enfermedad. Es un término que agrupa más de cien trastornos distintos que comparten algo en común: provocan inflamación y dolor de articulaciones. A partir de los 60, el desgaste acumulado, los cambios hormonales y la respuesta inmunitaria alterada hacen que estas patologías se vuelvan mucho más frecuentes.

Según la OMS, alrededor del 15% de la población mundial padece alguna forma de artritis. Pero si miramos solo a mayores de 65 años, la cifra sube hasta el 40-50%. Esto no significa que sea algo inevitable ni que haya que resignarse al dolor crónico. Existen tratamientos eficaces, ejercicios adaptados y cambios en el día a día que mejoran la calidad de vida de forma notable.

Tipos de artritis más comunes en personas mayores

Osteoartritis (artrosis)

Es la forma más frecuente. Afecta al cartílago que recubre los extremos de los huesos dentro de la articulación. Con el paso de los años, ese cartílago se desgasta y los huesos empiezan a rozar entre sí. Las rodillas, caderas, manos y columna vertebral son las zonas más afectadas.

No se trata solo de «desgaste natural». Factores como el sobrepeso, lesiones previas, trabajos físicos repetitivos y la genética influyen de forma directa. A diferencia de lo que mucha gente piensa, la artrosis no es simplemente «envejecimiento»: es una enfermedad que puede tratarse y controlarse.

Artritis reumatoide

La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune. El sistema inmunitario ataca por error el tejido que recubre las articulaciones (la membrana sinovial), provocando inflamación crónica. Suele afectar de forma simétrica: si duele la muñeca derecha, probablemente también duela la izquierda.

Aunque puede aparecer a cualquier edad, muchas personas reciben el diagnóstico después de los 60. La artritis reumatoide es más agresiva que la artrosis porque no solo daña el cartílago, sino que puede erosionar el hueso y afectar órganos como los pulmones o el corazón si no se controla.

Gota

Provocada por la acumulación de cristales de ácido úrico en las articulaciones, la gota causa episodios de dolor intenso, enrojecimiento e hinchazón. El dedo gordo del pie es la localización clásica, aunque también puede afectar tobillos, rodillas y muñecas.

Es más común en hombres mayores de 60 años y en personas con problemas renales, hipertensión o que toman diuréticos. Los ataques de gota son muy dolorosos pero, con el tratamiento adecuado, se pueden prevenir y espaciar.

Artritis psoriásica

Afecta a algunas personas con psoriasis. Combina los síntomas de piel (placas rojas y escamosas) con inflamación articular. En mayores puede confundirse con artrosis, lo que retrasa el diagnóstico y el inicio del tratamiento correcto.

Síntomas: cómo distinguir la artritis del dolor «normal» por la edad

No todo dolor articular es artritis. Pero hay señales que deben alertar:

Si el dolor de articulaciones es persistente, afecta la vida diaria o viene acompañado de hinchazón y rigidez prolongada, es momento de consultar al médico. Muchas personas mayores asumen que «es normal para la edad» y retrasan años el diagnóstico.

Diagnóstico: qué esperar en la consulta

El médico de atención primaria puede hacer una valoración inicial, pero el especialista de referencia es el reumatólogo. El proceso diagnóstico suele incluir:

  1. Historia clínica detallada: cuándo empezó el dolor, qué articulaciones afecta, si hay antecedentes familiares.
  2. Exploración física: evaluación de movilidad, hinchazón, deformidades.
  3. Análisis de sangre: factor reumatoide, anticuerpos anti-CCP, velocidad de sedimentación (VSG), proteína C reactiva (PCR), ácido úrico.
  4. Pruebas de imagen: radiografías para ver el estado del cartílago y hueso; ecografía articular para detectar inflamación activa; resonancia magnética en casos complejos.
  5. Análisis del líquido sinovial: se extrae líquido de la articulación con una aguja para buscar cristales (gota) o signos de infección.

Un diagnóstico temprano marca la diferencia. En la artritis reumatoide, iniciar el tratamiento en los primeros meses puede prevenir daño articular irreversible.

Tratamiento farmacológico de la artritis

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

Ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco… Son la primera línea para controlar el dolor y la inflamación. En personas mayores hay que usarlos con precaución por el riesgo de problemas gástricos, renales y cardiovasculares. El médico puede recetarlos junto con un protector de estómago (omeprazol) y por el menor tiempo posible.

Corticoides

La prednisona y otros corticoides reducen la inflamación de forma rápida. Se usan en brotes agudos de artritis reumatoide o gota, tanto por vía oral como mediante infiltraciones directas en la articulación. El uso prolongado tiene efectos secundarios serios (osteoporosis, diabetes, hipertensión), así que se reservan para situaciones concretas y dosis bajas.

Fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME)

El metotrexato es el tratamiento de referencia para la artritis reumatoide. Frena la progresión de la enfermedad al modular la respuesta inmunitaria. Otros FAME incluyen leflunomida, sulfasalazina e hidroxicloroquina. Requieren controles analíticos periódicos para vigilar la función hepática y renal.

Terapias biológicas

Si los FAME convencionales no son suficientes, entran en juego los biológicos: adalimumab, etanercept, tocilizumab, rituximab y otros. Son fármacos diseñados para bloquear moléculas específicas del sistema inmunitario (TNF-alfa, interleucina-6, células B). Se administran por inyección subcutánea o intravenosa. Su eficacia en la artritis reumatoide ha sido transformadora, pero aumentan el riesgo de infecciones, por lo que requieren vigilancia médica estrecha.

Inhibidores de JAK

Tofacitinib, baricitinib y upadacitinib son la generación más reciente. Se toman por vía oral (a diferencia de los biológicos inyectables) y actúan bloqueando enzimas intracelulares implicadas en la inflamación. Son una opción cuando otros tratamientos fallan, aunque su perfil de seguridad sigue bajo estudio, especialmente en mayores con riesgo cardiovascular.

Tratamiento de la gota

Para los ataques agudos: colchicina, AINE o corticoides. Para prevenir futuros episodios: alopurinol o febuxostat, que reducen los niveles de ácido úrico en sangre. El tratamiento preventivo es de larga duración, a veces de por vida.

Fisioterapia: el pilar que muchos olvidan

Los fármacos controlan la inflamación y el dolor, pero la fisioterapia y el ejercicio adaptado son fundamentales para mantener la movilidad, la fuerza muscular y la independencia.

Un fisioterapeuta especializado puede diseñar un programa que incluya:

Ejercicios adaptados para personas mayores con artritis

El mayor error que cometen muchas personas con artritis es dejar de moverse. El reposo prolongado empeora la rigidez, debilita los músculos y acelera la pérdida de movilidad. La clave es hacer ejercicio regular, adaptado a la capacidad de cada persona.

Ejercicios de bajo impacto recomendados

Caminar: 20-30 minutos al día sobre terreno llano. Calzado cómodo con buena amortiguación. Si las rodillas duelen mucho, empezar con 10 minutos e ir aumentando.

Natación y aquagym: posiblemente el mejor ejercicio para personas con artritis. El agua soporta el peso corporal y permite trabajar todas las articulaciones sin impacto. La temperatura del agua (entre 28-32°C) relaja la musculatura.

Bicicleta estática: fortalece cuádriceps y mejora la movilidad de rodillas y caderas sin cargar peso. Ajustar el sillín para evitar flexión excesiva de la rodilla.

Tai chi: movimientos lentos, fluidos y controlados que mejoran el equilibrio, la flexibilidad y la fuerza. Varios estudios han demostrado su beneficio específico en personas mayores con artritis. Además, ayuda a prevenir caídas, un riesgo importante en personas mayores.

Yoga adaptado: estiramientos suaves, respiración consciente y posturas modificadas. Existen clases específicas para personas con limitaciones articulares. No se trata de hacer posturas extremas, sino de ganar flexibilidad poco a poco.

Ejercicios de fortalecimiento

Sentadillas asistidas: levantarse y sentarse de una silla sin usar las manos. Empezar con 5 repeticiones y aumentar gradualmente.

Elevaciones de pierna: tumbado boca arriba, levantar una pierna recta, mantener 5 segundos y bajar. 10 repeticiones por pierna.

Flexiones de pared: de pie frente a una pared, apoyar las manos y flexionar los codos. Trabaja los brazos sin cargar las muñecas como las flexiones convencionales.

Apretar una pelota de goma: fortalece los músculos de la mano y mejora la capacidad de agarre, algo que la artritis deteriora con el tiempo.

Reglas básicas para hacer ejercicio con artritis

Suplementos: glucosamina, condroitina y omega-3

El mercado de suplementos para articulaciones mueve miles de millones. Pero ¿qué dice la evidencia científica?

Glucosamina

La glucosamina es un aminoazúcar que forma parte del cartílago. Se comercializa como sulfato de glucosamina y clorhidrato de glucosamina. La forma sulfato (1500 mg/día) es la que tiene mayor respaldo científico.

¿Funciona? La respuesta honesta: depende. Algunos ensayos clínicos grandes (como el estudio GAIT) no encontraron diferencias significativas con placebo para el dolor general de rodilla. Sin embargo, otros estudios europeos (especialmente con el sulfato de glucosamina cristalino de grado farmacéutico) sí mostraron una reducción modesta del dolor y un posible efecto protector del cartílago a largo plazo.

La glucosamina no es un analgésico de acción rápida. Si funciona, los efectos tardan entre 4 y 8 semanas en notarse. No interactúa de forma grave con la mayoría de medicamentos, aunque las personas alérgicas al marisco deben consultar al médico (muchos suplementos se obtienen de caparazones de crustáceos).

Condroitina

El sulfato de condroitina (800-1200 mg/día) es otro componente del cartílago. Suele venderse combinado con glucosamina. La evidencia es similar: algunos estudios positivos, otros negativos. Las guías europeas (ESCEO) la recomiendan como opción para la artrosis de rodilla; las guías americanas (ACR) no la incluyen formalmente.

Omega-3

Los ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA, presentes en el aceite de pescado) tienen propiedades antiinflamatorias demostradas. En la artritis reumatoide, dosis altas (2-3 gramos de EPA+DHA al día) pueden reducir la rigidez matutina y la necesidad de AINE. Para la artrosis, la evidencia es más débil, pero una alimentación saludable rica en omega-3 beneficia la salud general de las personas mayores.

Otros suplementos

Cúrcuma (curcumina): varios ensayos clínicos recientes sugieren un efecto antiinflamatorio comparable a dosis bajas de ibuprofeno, con mejor tolerancia gástrica. La absorción mejora con piperina (extracto de pimienta negra).

Colágeno hidrolizado: los estudios son prometedores pero todavía no concluyentes. Dosis habitual: 10 gramos al día.

Vitamina D: su déficit es muy común en mayores y se asocia con mayor dolor articular y progresión de la artrosis. Conviene medir los niveles y suplementar si están bajos.

Ningún suplemento sustituye al tratamiento médico. Son un complemento, no una alternativa.

Adaptación del hogar para vivir mejor con artritis

Pequeños cambios en casa pueden marcar una diferencia enorme en la independencia y comodidad de una persona con artritis:

En la cocina:

En el baño:

En el dormitorio:

En general:

Calidad de vida: más allá del tratamiento médico

Vivir con artritis no se reduce a tomar medicamentos y hacer ejercicio. Hay aspectos que a menudo se pasan por alto:

Peso corporal

Cada kilo de más supone entre 3 y 5 kilos de presión adicional sobre las rodillas. Perder incluso un 5-10% del peso corporal puede reducir significativamente el dolor y mejorar la función articular. No hace falta dietas drásticas: cambios sostenibles en la alimentación y actividad física regular son suficientes.

Salud mental

El dolor crónico y la pérdida de independencia pueden provocar ansiedad y depresión. No es debilidad: es una reacción natural a una situación difícil. Hablar con un psicólogo, participar en grupos de apoyo o simplemente mantener vida social activa ayuda a sobrellevar la enfermedad.

Sueño

El dolor articular interrumpe el sueño, y la falta de sueño aumenta la percepción del dolor. Es un círculo vicioso. Mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir y consultar al médico si el dolor nocturno es frecuente puede romper ese ciclo.

Descanso activo

Alternar periodos de actividad con pausas cortas. La regla del 20-20: cada 20 minutos de actividad, 20 segundos de pausa para recolocar la postura y relajar las articulaciones que se están usando. Esto es especialmente útil para las manos si se trabaja con el ordenador o se hace manualidades.

¿Cuándo acudir al reumatólogo?

El médico de familia puede manejar muchos casos de artrosis leve. Pero hay situaciones que requieren la valoración de un reumatólogo:

No esperar «a que sea grave». El reumatólogo puede detectar inflamación subclínica (que aún no causa síntomas evidentes) y actuar antes de que haya daño articular permanente.

El papel de la nutrición en el manejo de la artritis

No existe una dieta milagrosa para la artritis, pero la alimentación influye en la inflamación sistémica:

Alimentos recomendados:

Alimentos que conviene limitar:

La dieta mediterránea, rica en vegetales, pescado, aceite de oliva y legumbres, es la que mayor evidencia acumula para reducir la inflamación crónica y mejorar los marcadores de actividad en la artritis reumatoide.

Preguntas frecuentes sobre la artritis en personas mayores

¿La artritis se cura?

La artrosis no tiene cura, pero se puede controlar el dolor y frenar la progresión. La artritis reumatoide tampoco se cura, pero los tratamientos actuales permiten alcanzar la remisión (ausencia de síntomas) en muchos pacientes. La gota puede controlarse completamente con tratamiento adecuado.

¿Puedo hacer ejercicio si me duelen las articulaciones?

Sí, y de hecho debes hacerlo. El ejercicio adaptado reduce el dolor a medio plazo, fortalece los músculos que protegen las articulaciones y mejora la movilidad. Lo importante es elegir actividades de bajo impacto y no forzar las articulaciones inflamadas.

¿La glucosamina sirve de verdad?

La glucosamina sulfato puede ofrecer un alivio modesto del dolor en algunas personas con artrosis de rodilla. No funciona para todos y no es un sustituto del tratamiento médico. Si tras 3 meses de uso no se nota mejoría, probablemente no sea útil en ese caso particular.

¿El clima afecta a la artritis?

Muchas personas con artritis dicen sentir más dolor cuando cambia el tiempo, especialmente con humedad y frío. Aunque la evidencia científica es mixta, hay estudios que sugieren que los cambios de presión barométrica pueden influir en la percepción del dolor. No afecta a la enfermedad en sí, pero sí a cómo se siente.

¿Cuál es la diferencia entre artritis y artrosis?

La artrosis es un desgaste mecánico del cartílago. La artritis implica inflamación activa de la articulación. La artritis reumatoide es autoinmune (el cuerpo ataca sus propias articulaciones). En la práctica, una persona puede tener ambas: artrosis con episodios inflamatorios. El diagnóstico correcto es clave para elegir el tratamiento adecuado.

¿Cuándo necesito una prótesis articular?

La cirugía de reemplazo articular (prótesis de rodilla o cadera) se considera cuando el dolor es severo, no responde a tratamientos conservadores y limita significativamente la vida diaria. La edad no es una contraindicación: muchas personas de 70, 80 e incluso más años se operan con buenos resultados. La decisión la toman conjuntamente el paciente, el reumatólogo y el traumatólogo.

¿Pueden los parásitos intestinales empeorar la artritis?

Hay investigaciones que sugieren que ciertas infecciones, incluyendo parásitos intestinales en adultos mayores, pueden desencadenar respuestas inmunitarias que agravan la inflamación articular. Mantener una buena salud intestinal forma parte del abordaje integral de la artritis.

Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier tratamiento.
← Volver a artículos
Aviso Legal | Privacy Policy