Osteoporosis en personas mayores: síntomas, prevención y tratamiento
La osteoporosis en personas mayores es una de las enfermedades óseas más frecuentes a partir de los 60 años. Los huesos pierden densidad y resistencia poco a poco, hasta que un golpe menor o incluso una torsión banal provoca una fractura. Esta guía explica qué es la osteoporosis, cómo reconocerla a tiempo, qué la favorece y qué se puede hacer para prevenirla o tratarla.
¿Qué es la osteoporosis y por qué afecta más a los mayores?
El hueso no es un material estático. Se renueva continuamente: unas células lo construyen, otras lo destruyen, y en condiciones normales ese equilibrio se mantiene. El problema es que a partir de los 35-40 años la destrucción empieza a ganar terreno. Lentamente al principio, con más velocidad después.
En personas mayores este desequilibrio se acelera por varias razones concretas. Los estrógenos en las mujeres y la testosterona en los hombres caen con la edad, y ambas hormonas protegen el hueso. Además, el intestino absorbe menos calcio, y la piel sintetiza vitamina D con menos eficiencia que antes.
El papel del remodelado óseo en el envejecimiento
Dos tipos de células gestionan el hueso: los osteoblastos, que forman tejido nuevo, y los osteoclastos, que destruyen el viejo. Con el envejecimiento los osteoclastos trabajan más que los osteoblastos, y el resultado es un hueso cada vez más poroso. Frágil. Más fácil de romper.
Cuánta gente afecta
Según la OMS, la osteoporosis afecta a unos 200 millones de personas en todo el mundo. En España la cifra supera los 3 millones de mujeres. Y a nivel global, cada 3 segundos se produce una fractura relacionada con esta enfermedad. No es un problema marginal.
Síntomas de la osteoporosis en personas mayores
El mayor problema de la osteoporosis es que no avisa. Se la llama «enfermedad silenciosa» porque la pérdida ósea no duele, no da fiebre ni causa fatiga. Una persona puede perder hasta el 30% de su masa ósea sin notar absolutamente nada.
Señales que sí pueden aparecer
Cuando el daño ya está avanzado, algunos signos empiezan a ser visibles:
- Fractura ante un golpe menor: caerse desde la propia altura y romper la cadera, la muñeca o una vértebra no es normal. Es una señal de alarma clara.
- Dolor crónico de espalda: sobre todo en la zona dorsal y lumbar. Puede indicar fracturas vertebrales por compresión que ocurren sin que la persona lo note en el momento.
- Pérdida de estatura: dos centímetros o más de reducción de talla en pocos años sugieren aplastamiento vertebral.
- Joroba o cifosis: curvatura hacia adelante de la columna, frecuente en mujeres con osteoporosis vertebral no tratada.
- Sensación de fragilidad: subjetiva, pero muchos pacientes la describen antes de que aparezca la primera fractura.
¿Cuándo ir al médico?
Si tienes más de 65 años y nunca te han hecho una densitometría, pídela. Si has tenido alguna fractura con un golpe que normalmente no rompería un hueso, ve. Y si hay historia familiar de osteoporosis o fractura de cadera, no esperes a los 65.
Factores de riesgo: ¿quién tiene más probabilidades?
No todo el mundo envejece con los mismos huesos. Algunos factores aumentan el riesgo de forma significativa.
Los que no se pueden cambiar
- Ser mujer: el riesgo es mayor, especialmente tras la menopausia, cuando los estrógenos caen en picado.
- Tener más de 50 años: el riesgo sube año a año a partir de esa edad.
- Antecedentes familiares: si tu madre o padre tuvo osteoporosis o fractura de cadera, tu riesgo se duplica.
- Complexión delgada o baja estatura: menos masa corporal implica menor reserva ósea.
- Etnia caucásica o asiática: mayor prevalencia que en otras etnias, aunque nadie está completamente libre de riesgo.
Los que sí se pueden cambiar
Y aquí está lo importante: muchos factores dependen de lo que hacemos cada día.
- Poca ingesta de calcio y vitamina D
- Sedentarismo, especialmente falta de ejercicio con carga
- Fumar
- Beber más de dos unidades de alcohol al día
- Tomar corticosteroides orales durante meses o años
- Peso muy bajo o episodios de desnutrición
Enfermedades que también influyen
Algunas patologías aumentan el riesgo de osteoporosis secundaria: artritis reumatoide, enfermedad celíaca no tratada, hipertiroidismo, diabetes tipo 1 y enfermedades inflamatorias intestinales. Si tienes alguna de estas, los controles periódicos de densidad ósea no son opcionales.
La conexión entre enfermedades musculoesqueléticas y fragilidad ósea es más estrecha de lo que parece. Puedes leer más en el artículo sobre Artritis en personas mayores: tratamiento y calidad de vida.
Diagnóstico: cómo se detecta
La prueba de referencia es la densitometría ósea (DXA o DEXA). Rápida, indolora, con muy poca radiación. Mide la densidad mineral del hueso en la cadera y la columna, que son las zonas que más se fracturan.
Qué significa el T-score
El resultado se da en forma de T-score:
| T-score | Qué indica |
|---|---|
| Mayor de -1,0 | Densidad ósea normal |
| Entre -1,0 y -2,5 | Osteopenia: densidad baja, riesgo elevado |
| Menor de -2,5 | Osteoporosis establecida |
| Menor de -2,5 con fractura | Osteoporosis grave |
Otras pruebas que puede pedir el médico
- Análisis de sangre y orina: para ver marcadores de remodelado óseo, calcio, vitamina D, función renal y tiroidea.
- Radiografía de columna: detecta fracturas vertebrales ya producidas.
- Calculadora FRAX: herramienta de la OMS que estima el riesgo de fractura a 10 años cruzando múltiples datos clínicos. Es bastante útil en la práctica.
Prevención de la osteoporosis: nunca es tarde para empezar
Lo ideal sería haber construido buena masa ósea durante la infancia y la juventud. Pero ese tren ya pasó para la mayoría de las personas que leen esto. La buena noticia es que frenar la pérdida ósea es posible a cualquier edad, siempre que se actúe.
Calcio y vitamina D: la base de todo
Los adultos mayores de 65 años necesitan entre 1.000 y 1.200 mg de calcio al día. Las fuentes alimentarias más útiles son:
- Lácteos: leche, yogur, queso
- Verduras de hoja verde: col rizada, brócoli, espinacas
- Legumbres: garbanzos, alubias blancas
- Frutos secos: almendras, semillas de sésamo
- Pescados en conserva con espina: sardinas, boquerones
La vitamina D permite que el intestino absorba ese calcio. Se produce en la piel con el sol. Quince o treinta minutos diarios en brazos y piernas suele ser suficiente, preferiblemente en horas de menor intensidad. Cuando hay déficit confirmado, muy común en personas con poca movilidad o que viven en interiores, el médico puede prescribir suplementos.
Si quieres saber más sobre qué suplementos son útiles en esta etapa, revisa nuestra guía sobre Suplementos para articulaciones en la tercera edad.
Ejercicio: el factor que más se subestima
Caminar, subir escaleras, levantar pesas ligeras: todas estas actividades obligan al hueso a soportar peso y eso estimula su formación. No es una metáfora, es biología directa.
Qué tipos de ejercicio funcionan mejor
- Caminar: lo más accesible. Treinta minutos diarios a paso moderado ya marcan diferencia.
- Ejercicios de fuerza: con pesas pequeñas o bandas elásticas. Fortalecen músculo y hueso al mismo tiempo.
- Tai chi y yoga adaptado: no fortalecen el hueso tanto, pero mejoran el equilibrio. Menos caídas, menos fracturas.
- Natación y aquagym: tampoco ejercen mucha carga ósea, pero son buenos complementos para personas con dolor articular.
Antes de empezar, sobre todo si ya tienes diagnóstico de osteoporosis, habla con tu médico o fisioterapeuta. Hay ejercicios que convienen y otros que hay que evitar. Nuestro artículo sobre Ejercicios seguros para mayores de 70 tiene ideas concretas.
Otros hábitos que importan
- Dejar de fumar: el tabaco reduce la absorción de calcio y baja los estrógenos en mujeres.
- Beber menos alcohol: más de dos copas al día interfiere con la formación ósea y aumenta el riesgo de caídas.
- Mantener un peso razonable: el bajo peso es un factor de riesgo por sí solo.
- Revisar los medicamentos: algunos fármacos de uso crónico, como corticoides, inhibidores de la bomba de protones o ciertos antiepilépticos, dañan el metabolismo óseo. Vale la pena revisarlos con el médico.
Tratamiento: qué se puede hacer cuando la osteoporosis ya está
Cuando el diagnóstico está establecido o el riesgo de fractura es alto, el médico valora añadir tratamiento farmacológico a las medidas de estilo de vida.
Medicamentos más utilizados
Bifosfonatos (alendronato, risedronato, ácido zoledrónico): los más usados. Frenan la acción de los osteoclastos. Según ensayos publicados en The New England Journal of Medicine, reducen el riesgo de fractura vertebral entre un 40 y un 70%, y el de fractura de cadera entre un 20 y un 40%. Cifras que merecen atención.
Denosumab: anticuerpo monoclonal en inyección subcutánea cada 6 meses. Buena opción cuando los bifosfonatos no se toleran bien o hay problemas de función renal.
Ranelato de estroncio: actúa sobre formación y resorción ósea a la vez. Su uso se ha restringido por posibles riesgos cardiovasculares.
Teriparatida y abaloparatida: análogos de la parathormona que estimulan la formación de hueso nuevo. Se reservan para casos graves.
Terapia hormonal sustitutiva (THS): una opción en mujeres con menopausia precoz y alto riesgo óseo, siempre con valoración individual de beneficios y riesgos.
Fisioterapia: más importante de lo que se cree
Los fármacos solos no bastan. Los programas de rehabilitación trabajan el fortalecimiento muscular, la estabilización de columna, la corrección postural y el entrenamiento del equilibrio. Un mejor equilibrio se traduce directamente en menos caídas.
La mayoría de fracturas de cadera ocurren después de una caída. Por eso la prevención de caídas es, literalmente, parte del tratamiento. El artículo sobre Caídas en personas mayores: prevención y causas explica bien cómo abordarlo.
Controlar el dolor
Las fracturas vertebrales por compresión duelen, y a veces mucho. El tratamiento incluye analgésicos, calor local, corsés ortopédicos y, en casos seleccionados, técnicas mínimamente invasivas como la vertebroplastia o la cifoplastia. Si el dolor articular es un problema añadido, el artículo sobre Dolor de articulaciones en personas mayores puede ser de ayuda.
Vivir con osteoporosis: ajustes prácticos
Tener osteoporosis no significa quedarse quieto. Significa moverse de forma más inteligente y hacer algunos ajustes en el entorno.
En casa
- Instalar barras de apoyo en la ducha y junto al inodoro
- Quitar alfombras sueltas y cables del suelo
- Mejorar la iluminación en pasillos, escaleras y baño
- Usar calzado con suela antideslizante y buen soporte
- No subirse a taburetes ni escaleras sin apoyo
El aspecto emocional
El miedo a caerse es real, y lleva a muchas personas a moverse menos. El problema es que el sedentarismo empeora la osteoporosis. Un círculo vicioso. Los grupos de apoyo, la fisioterapia y mantenerse activo socialmente ayudan a romper ese ciclo. No es algo menor.
Preguntas frecuentes sobre osteoporosis en personas mayores
¿La osteoporosis tiene cura?
No en sentido estricto. Pero con tratamiento adecuado se puede frenar su avance, recuperar algo de densidad ósea y reducir bastante el riesgo de fracturas. El objetivo real es que no cambie tu vida.
¿A qué edad conviene hacer la primera densitometría?
A los 65 años en mujeres, a los 70 en hombres, según las guías clínicas. Con factores de riesgo presentes, puede adelantarse a los 50-60 años. No esperes a que haya una fractura.
¿Es mejor el calcio de los alimentos o el de los suplementos?
El de los alimentos, siempre que se pueda. Los suplementos son una alternativa válida cuando la dieta no llega, pero no son neutros: dosis altas tienen efectos secundarios. Consúltalo con tu médico antes de tomar nada por cuenta propia.
¿Los hombres también tienen osteoporosis?
Sí, aunque menos que las mujeres. Uno de cada cinco hombres mayores de 50 años la desarrollará. En ellos suele asociarse a niveles bajos de testosterona, uso crónico de corticoides o consumo elevado de alcohol.
¿La osteoporosis duele?
La pérdida ósea en sí no duele. Las fracturas que provoca, especialmente las vertebrales, sí pueden causar dolor agudo o crónico bastante limitante.
Conclusión
La osteoporosis en personas mayores es seria, pero no inevitable y no intratable. Dieta con calcio y vitamina D, ejercicio regular con carga, nada de tabaco, alcohol moderado, y controles periódicos con densitometría: esas son las palancas reales.
Si ya tienes el diagnóstico, el tratamiento farmacológico más la fisioterapia más los ajustes del entorno pueden darte una vida activa con riesgo mínimo de fractura. No es cuestión de resignarse, sino de actuar bien informado. Habla con tu médico y empieza cuanto antes.