Úlceras por presión (escaras) en personas mayores: prevención y cuidados
Las úlceras por presión, conocidas popularmente como escaras o llagas, son heridas que aparecen en la piel cuando una zona del cuerpo soporta un peso constante durante demasiado tiempo. En las personas mayores que pasan muchas horas en la cama o en una silla de ruedas, son un problema muy habitual y, a la vez, en buena parte evitable. Quien cuida a un familiar dependiente suele descubrir la primera lesión casi por casualidad: una mancha rojiza en el sacro, un talón que ya no recupera su color al retirar la presión.
La buena noticia es que se puede hacer muchísimo desde casa. Con vigilancia, algunos cambios en la rutina y cuidados sencillos de la piel, la mayoría de estas heridas ni siquiera llegan a formarse. En esta guía repasamos por qué aparecen, quién tiene más riesgo, cómo reconocer los distintos grados y qué hacer en cada caso.
Qué son las escaras y por qué aparecen
Nuestra piel recibe oxígeno y nutrientes a través de vasos sanguíneos muy pequeños. Cuando presionamos una zona contra una superficie dura, esos vasos se aplastan y la sangre deja de circular con normalidad. Si la presión se mantiene, el tejido empieza a sufrir y termina muriendo. Así se forma una úlcera.
No es la única causa. Hay tres mecanismos que suelen combinarse:
- Presión. El peso del propio cuerpo sobre una prominencia ósea. Basta con estar dos horas sin moverse para que una piel frágil empiece a resentirse.
- Cizallamiento. Ocurre cuando la persona resbala hacia abajo en la cama y la piel se queda «pegada» a la sábana mientras el hueso se desliza en dirección contraria. Los tejidos se estiran y se desgarran por dentro.
- Humedad. El sudor, la orina o las heces reblandecen la piel y la vuelven mucho más vulnerable. Una piel húmeda se rompe con una fricción que una piel seca aguantaría sin problema.
Entender estos tres factores ayuda a prevenir: no se trata solo de «mover al enfermo», sino de cuidar también cómo se le coloca y de mantener su piel limpia y seca.
Factores de riesgo en las personas mayores
No todo el mundo tiene la misma probabilidad de desarrollar una escara. En la tercera edad se juntan varias circunstancias que multiplican el riesgo, y conviene conocerlas para poner el foco donde de verdad hace falta.
Inmovilidad y fragilidad
Es el factor que más pesa. Una persona encamada tras una fractura, un ictus o una cirugía, o alguien con demencia avanzada que ya no cambia de postura por sí mismo, está expuesta durante horas a la misma presión. A esto se suma que la piel de una persona mayor es más fina, más seca y cicatriza peor. Un dato relacionado: quien tiene movilidad reducida también tiene más papeletas de sufrir caídas en personas mayores, y una fractura de cadera puede convertir a alguien autónomo en una persona encamada de un día para otro.
Incontinencia, desnutrición y enfermedades crónicas
La incontinencia urinaria mantiene la piel del sacro y las nalgas en contacto constante con la humedad, un terreno perfecto para que aparezcan lesiones. La desnutrición y la deshidratación debilitan los tejidos y frenan la cicatrización; por eso vale la pena cuidar tanto la alimentación después de los 65 como la hidratación en personas mayores. Y hay enfermedades que empeoran mucho el pronóstico: la diabetes en personas mayores reduce la sensibilidad y daña la circulación, de modo que la persona puede no notar el dolor que normalmente la haría cambiar de posición.
Zonas donde aparecen con más frecuencia
Las úlceras salen justo donde el hueso queda más cerca de la piel, porque ahí la presión se concentra. Saber cuáles son estos puntos permite revisarlos cada día sin perder tiempo.
- Sacro y cóccix. La parte baja de la espalda. Es la zona más afectada en personas que pasan mucho tiempo tumbadas boca arriba.
- Talones. Muy vulnerables porque tienen poca grasa que amortigüe. En un encamado son casi tan frecuentes como el sacro.
- Caderas. Sobre todo el trocánter, el hueso que sobresale al tumbarse de lado.
- Codos, omóplatos y nuca. Puntos de apoyo en decúbito supino.
- Orejas, rodillas y tobillos. En quien se acuesta de lado durante horas.
En una persona sentada muchas horas, además del sacro hay que vigilar los isquiones, esos huesos sobre los que descansamos al estar sentados.
Estadios o grados de las úlceras por presión
Las escaras no aparecen de golpe: evolucionan por fases, y reconocer en cuál está la lesión cambia por completo la actuación. La siguiente tabla resume los cuatro grados clásicos.
| Grado | Aspecto de la piel | Qué hacer |
|---|---|---|
| I | Enrojecimiento que no desaparece al presionar con el dedo. La piel sigue intacta, a veces caliente o dolorida. | Retirar toda la presión de la zona de inmediato. Suele revertir en pocos días si se actúa rápido. |
| II | Pérdida superficial de piel: ampolla, abrasión o llaga poco profunda de color rosado. | Limpieza suave, apósito adecuado y protección. Consultar con enfermería. |
| III | La herida llega hasta la grasa. Se ve un cráter, puede haber tejido muerto amarillento. | Requiere cura profesional y valoración médica sin demora. |
| IV | Afecta a músculo, tendón o incluso hueso. Herida profunda, riesgo alto de infección. | Atención sanitaria urgente. No se maneja en casa por cuenta propia. |
El grado I es la señal de alarma que no conviene ignorar. Si ese enrojecimiento se detecta y se libera la presión, muchas veces la historia acaba ahí. Cuando se pasa por alto, la lesión avanza en cuestión de días.
Cómo prevenir las escaras en casa
La prevención se apoya en cuatro pilares que se refuerzan entre sí. Ninguno funciona bien solo, pero juntos reducen el riesgo de forma notable.
Cambios posturales
Es la medida estrella. La recomendación general es cambiar de posición cada dos o tres horas en la cama, y con más frecuencia si la persona está sentada. Alternar boca arriba, lado derecho y lado izquierdo reparte la presión y da tiempo a cada zona a recuperarse. Un truco útil: dejar una hoja apuntada con la hora del último cambio, sobre todo cuando cuidan varias personas. Al mover a alguien conviene levantarlo, nunca arrastrarlo, para no provocar cizallamiento.
Superficies especiales y protección de la piel
Los colchones y cojines antiescaras (de aire alternante, de espuma viscoelástica o de gel) reparten mejor el peso y son una gran ayuda en personas con mucho riesgo. Colocar una almohada bajo las pantorrillas para que los talones queden «en el aire» es un gesto sencillo que evita muchas lesiones. Conviene revisar la piel a diario, con buena luz, prestando atención a los puntos de apoyo. Manténgala limpia, seca e hidratada con crema; evite masajear con fuerza las zonas enrojecidas, porque en lugar de ayudar puede dañar más el tejido.
Nutrición e hidratación
Una piel bien nutrida resiste mucho más. Las proteínas (huevo, pescado, carne, legumbres, lácteos) son el material con el que el cuerpo repara los tejidos, y el agua mantiene la piel elástica. En personas con poco apetito, repartir la comida en tomas pequeñas a lo largo del día suele funcionar mejor que las raciones grandes.
Cuidados y curas básicas
Cuando ya hay una lesión, el objetivo es mantenerla limpia, protegida y sin más presión encima. Estas son las pautas generales para el día a día:
- Lave la herida con suero fisiológico, sin frotar. Nada de alcohol, agua oxigenada ni yodo directamente sobre la úlcera: dañan el tejido nuevo.
- Seque con cuidado la piel de alrededor, dando toques suaves.
- Use el apósito que haya indicado el personal de enfermería y cámbielo según sus instrucciones.
- Siga liberando de presión esa zona con almohadas y cambios posturales, aunque ya esté vendada.
- Lávese bien las manos antes y después de cada cura para no introducir gérmenes.
Las escaras de grado I y algunas de grado II se pueden manejar en casa con supervisión, pero las más profundas necesitan sí o sí manos expertas. No improvise remedios caseros sobre una herida abierta: lo que parece inofensivo puede complicar la cicatrización.
Cuándo llamar al profesional
Vigilar la herida a diario permite pillar a tiempo cualquier complicación. La infección es la más temida, y por eso hay señales que obligan a descolgar el teléfono cuanto antes. Busque ayuda si observa alguna de estas situaciones:
- La herida crece, se hace más profunda o cambia de color.
- Aparece pus, mal olor o un enrojecimiento que se extiende por la piel de alrededor.
- La persona tiene fiebre, escalofríos o se muestra más confusa o decaída de lo normal.
- El dolor aumenta de forma llamativa.
- Ve tejido negro o muy oscuro en la lesión.
Una úlcera infectada que no se trata puede derivar en problemas serios, desde una infección de la piel hasta cuadros que afectan a todo el organismo. Ante la duda, siempre es mejor consultar de más que de menos. El equipo de atención primaria o de enfermería a domicilio es el mejor aliado para valorar la herida y ajustar los cuidados.
Preguntas frecuentes
¿En cuánto tiempo puede aparecer una escara?
Antes de lo que la gente imagina. En una piel muy frágil, bastan de dos a cuatro horas de presión mantenida para que empiece el daño. Por eso los cambios posturales regulares son tan importantes en personas que no se mueven solas.
¿Es normal que una escara duela?
Sí, sobre todo en los primeros grados, cuando la piel aún tiene sensibilidad. Curiosamente, en lesiones muy profundas el dolor puede disminuir porque las terminaciones nerviosas se han dañado, lo que no significa que la herida sea menos grave, más bien al contrario.
¿Puedo poder cremas o pomadas por mi cuenta?
Las cremas hidratantes sobre piel sana y como prevención son bienvenidas. Sobre una herida abierta, en cambio, no aplique nada sin que lo indique un profesional: hay productos que interfieren en la cicatrización o tapan signos de infección.
¿Sirven de algo los colchones antiescaras?
Ayudan bastante, sobre todo en personas con riesgo alto, porque reparten la presión y reducen los puntos de apoyo. Eso sí, no sustituyen a los cambios posturales ni a la vigilancia de la piel. Son un complemento, no una solución mágica.
¿Se pueden curar las úlceras por presión?
Las de grados iniciales suelen cerrarse bien si se retira la presión y se cuidan a tiempo. Las más profundas cicatrizan más despacio y a veces tardan semanas o meses, dependiendo del estado general de la persona, su alimentación y otras enfermedades que tenga. La constancia en los cuidados marca la diferencia.
Este artículo tiene una finalidad únicamente informativa y no sustituye la valoración de un médico o de personal de enfermería. Ante cualquier úlcera por presión, y muy especialmente si hay signos de infección, consulte con un profesional sanitario.
