5 de julio, 2026

Vitamina D en personas mayores: déficit, síntomas y cómo mejorarla

La vitamina D en personas mayores es uno de esos temas que pasa desapercibido hasta que aparecen los problemas. Cansancio que no se va, huesos que duelen sin motivo claro, alguna caída que antes no ocurría. Muchas veces detrás de esas señales hay un nivel bajo de esta vitamina, algo tan común después de cierta edad que casi podría considerarse la norma más que la excepción.

No hablamos de una moda ni de un suplemento de estos que aparecen y desaparecen. La vitamina D cumple funciones concretas en el cuerpo, y con los años el organismo la produce y la aprovecha peor. En este artículo verás qué hace exactamente, por qué las personas mayores están más expuestas al déficit, cómo reconocerlo y qué opciones existen para corregirlo con cabeza.

Qué es la vitamina D y qué papel cumple en el cuerpo

La vitamina D no es solo una vitamina en el sentido clásico. Funciona más bien como una hormona: el cuerpo la fabrica en la piel cuando le da el sol y luego la transforma en el hígado y el riñón hasta convertirla en su forma activa. Esa forma activa viaja por la sangre y regula procesos que van mucho más allá de lo que la mayoría imagina.

Su trabajo más conocido tiene que ver con el hueso. Sin vitamina D suficiente, el intestino apenas absorbe el calcio que llega con la comida. Da igual cuántos lácteos tome una persona: si el nivel está bajo, buena parte de ese calcio se pierde. El resultado a largo plazo es un hueso más frágil y una mayor predisposición a la osteoporosis en personas mayores.

Hueso, músculo e inmunidad

El papel de la vitamina D se reparte en tres frentes principales:

Cuando el nivel cae, todo esto se resiente a la vez. Por eso el déficit rara vez da una sola señal aislada.

Por qué las personas mayores tienen más déficit

Aquí está el meollo del asunto. Con la edad se acumulan varios factores que, sumados, dejan a las personas mayores en clara desventaja frente a la vitamina D. No es mala suerte, es fisiología.

El primero es la piel. Una piel de setenta años produce bastante menos vitamina D ante la misma cantidad de sol que una de veinte. La maquinaria sigue ahí, pero rinde menos. A eso se le suma que el riñón, con los años, pierde parte de su capacidad para activar la vitamina, de modo que aunque se genere algo, no todo termina siendo útil.

Luego está el estilo de vida. Muchas personas mayores salen poco de casa, ya sea por movilidad reducida, por frío, por miedo a caerse o simplemente porque el día a día se vuelve más sedentario. Menos exposición solar significa menos síntesis natural. Y quien vive en una residencia o pasa largas temporadas ingresado tiene todavía menos oportunidades de que le dé el sol de forma regular.

El último factor es la comida. El apetito cambia, hay dietas más monótonas y a veces se comen menos alimentos ricos en vitamina D. Una alimentación después de los 65 poco variada agrava el problema, porque la fuente dietética nunca es enorme y, si además se descuida, apenas aporta nada.

Síntomas del déficit de vitamina D

El déficit puede ser silencioso durante mucho tiempo. No duele de golpe, no da fiebre. Se instala poco a poco y sus señales se confunden fácilmente con «cosas de la edad». Ese es precisamente el peligro.

Entre las manifestaciones que más se repiten están la fatiga persistente, el dolor difuso en huesos y músculos, la debilidad en las piernas y una mayor tendencia a las caídas. En casos avanzados aparecen fracturas ante golpes que no deberían provocarlas. Algunas personas notan también cambios de humor o una sensación general de decaimiento.

La debilidad muscular merece un apunte aparte. La pérdida de fuerza con la edad ya tiene nombre propio, la sarcopenia, y un nivel bajo de vitamina D empuja en esa misma dirección. Cuando ambos coinciden, la persona pierde estabilidad y el riesgo de un tropiezo se dispara.

Conviene no confundir señales tampoco. El cansancio, por ejemplo, puede deberse a muchas causas, entre ellas la anemia en personas mayores. Por eso ante síntomas vagos lo sensato es un análisis, no adivinar.

Síntomas según la gravedad

Esta tabla orientativa ayuda a hacerse una idea de cómo suele progresar el cuadro. No sustituye a una valoración médica, pero sirve para reconocer patrones.

Grado Síntomas habituales Qué suele indicar
Leve Cansancio ocasional, ánimo bajo, molestias musculares vagas Nivel algo por debajo de lo deseable
Moderado Dolor óseo, debilidad en las piernas, más torpeza al caminar Déficit que ya afecta a la función
Grave Caídas repetidas, fracturas por golpes leves, dolor persistente Déficit prolongado con impacto en el hueso

Cómo se mide la vitamina D

Todo esto no se diagnostica a ojo. Se mide con un análisis de sangre que valora la 25-hidroxivitamina D, escrita a menudo como 25-OH vitamina D. Es la forma en la que circula por el organismo y refleja bien las reservas acumuladas de las últimas semanas.

El resultado se expresa en unidades concretas y es el médico quien lo interpreta según la situación de cada persona. No todos los valores bajos requieren la misma respuesta, ni todo el mundo necesita repetir la prueba con la misma frecuencia. En personas mayores con factores de riesgo, este análisis suele formar parte de las revisiones habituales.

Un detalle importante: nadie debería iniciar suplementos por su cuenta basándose en cómo se siente. Sin una cifra de referencia es imposible saber si de verdad hace falta corregir algo o cuánto.

Fuentes de vitamina D: sol, alimentos y suplementos

Existen tres vías para obtener vitamina D, y en las personas mayores las tres tienen sus matices. Verlas juntas ayuda a entender por qué a veces con una sola no basta.

El sol es la fuente principal. Una exposición moderada y sensata, sin buscar quemaduras ni horas centrales del verano, favorece la producción natural. El problema, como ya vimos, es que la piel mayor rinde menos y muchas personas apenas salen. Aun así, un paseo diario a buena hora del día aporta más de lo que parece.

Los alimentos son la vía más limitada, porque pocos productos la contienen en cantidad apreciable. Esta tabla recoge algunos de los más habituales:

Alimento Aporte de vitamina D
Pescados grasos (salmón, sardina, caballa) Alto
Yema de huevo Moderado
Hígado y algunas vísceras Moderado
Lácteos y bebidas enriquecidas Variable, según fortificación
Setas expuestas a luz ultravioleta Bajo a moderado

Los suplementos entran en juego cuando el sol y la dieta no llegan, algo frecuente pasados los setenta. Aquí toca ser claro: la dosis, el tipo y la duración los decide el médico. No hay una cifra universal que valga para todos, y tomar de más no es inofensivo. Lo que a una persona le corrige el déficit a otra podría sobrarle.

Relación con la osteoporosis y las caídas

Este es quizá el motivo por el que la vitamina D importa tanto en la vejez. Su déficit y la fragilidad ósea van de la mano, y el desenlace tiene un nombre que asusta a cualquier familia: la fractura de cadera.

El mecanismo es doble. Por un lado, sin vitamina D suficiente el hueso pierde calcio y se vuelve más quebradizo, terreno abonado para la osteoporosis. Por otro, la debilidad muscular y la peor coordinación aumentan las probabilidades de tropezar. Un hueso frágil sumado a un cuerpo inestable es una combinación que explica buena parte de las fracturas en mayores.

Corregir el nivel de vitamina D no elimina el riesgo por sí solo, pero es una pieza del rompecabezas. La prevención de caídas en personas mayores funciona mejor cuando se acompaña de un buen aporte de esta vitamina, ejercicio adaptado y un entorno seguro en casa. Ninguna medida basta por separado.

Precauciones y riesgos del exceso

Podría pensarse que si la vitamina D es buena, cuanta más, mejor. No es así. El exceso también tiene consecuencias, y precisamente por venderse a veces como algo inofensivo mucha gente se pasa de dosis sin saberlo.

Un nivel demasiado alto de vitamina D puede provocar que se acumule demasiado calcio en la sangre. Eso se traduce en náuseas, sed intensa, cansancio, problemas de riñón y, en casos serios, complicaciones que requieren atención médica. Ocurre casi siempre por suplementos mal dosificados, no por el sol ni por la comida, que difícilmente causan un exceso.

La conclusión práctica es sencilla. Los suplementos de vitamina D no son caramelos. Se toman con una indicación, en la cantidad pautada y con controles cuando el médico lo considere. Compartir el frasco de un familiar o copiar la dosis de un vecino es una mala idea.

Cuándo consultar al médico

Hay momentos en los que no conviene esperar. Si una persona mayor nota cansancio que no cede, dolores óseos o musculares sin explicación, debilidad creciente en las piernas o ha sufrido caídas recientes, merece la pena comentarlo en la próxima visita y valorar un análisis.

También es motivo de consulta la aparición de una fractura ante un golpe leve, un antecedente de osteoporosis o el simple hecho de salir muy poco de casa y comer poco variado. En todos esos casos el profesional puede pedir la medición y decidir, con datos en la mano, si hace falta actuar y cómo.

La idea de fondo es no automedicarse ni dejarlo correr. El déficit tiene solución, pero requiere una valoración adecuada para hacerlo bien.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad empieza a bajar la vitamina D?

No hay una edad exacta, pero el riesgo aumenta de forma clara a partir de los sesenta o sesenta y cinco. La piel produce menos, el riñón la activa peor y suele haber menos exposición al sol, así que el déficit se vuelve más probable con cada década.

¿Se puede corregir el déficit solo tomando el sol?

En personas jóvenes a veces sí, pero en mayores el sol por sí solo no siempre basta, porque la piel rinde menos. El sol ayuda mucho, aunque a menudo hace falta reforzarlo con dieta y, si el médico lo indica, con suplementos.

¿Qué alimentos tienen más vitamina D?

Los pescados grasos como el salmón, la sardina o la caballa encabezan la lista. También aportan la yema de huevo, algunas vísceras y los productos enriquecidos, como ciertos lácteos o bebidas fortificadas. Aun así, la comida rara vez cubre todo lo necesario.

¿Es peligroso tomar demasiada vitamina D?

Sí. Un exceso, casi siempre por suplementos mal dosificados, puede elevar el calcio en sangre y dañar el riñón, entre otros efectos. Por eso la dosis debe indicarla siempre un profesional y no conviene automedicarse.

¿Cada cuánto hay que medir la vitamina D?

Depende de cada persona y de sus factores de riesgo. En algunos mayores se incluye en las revisiones periódicas; en otros se repite tras iniciar un tratamiento para comprobar que el nivel mejora. Es el médico quien fija el ritmo según cada caso.

Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Ante cualquier síntoma o antes de iniciar suplementos, acude a tu médico para una valoración personalizada.

Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier tratamiento.
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